Siempre, ante la imagen, estamos ante el tiempo, al estar
frente a ella estamos frente a una puerta abierta, que no nos oculta nada.
Ante una imagen, tan antigua como sea, el presente esta
siempre reconfigurándose y ante una imagen tan contemporánea como sea el pasado
tampoco deja de reconfigurarse. Al estar frente a una imagen debemos siempre
tener en cuenta que posiblemente ella nos sobrevivirá, ya que es el elemento del futuro, de la
duración y que ante ella nosotros somos los frágiles. La imagen tiene más
memoria y más porvenir que el ser que la mira.
El autor da como ejemplo el muro de Fra Angelico, someterse a su
misterio, se trataba de comprender por qué esta actividad pictórica estaba
íntimamente mezclada con la iconografía religiosa. Detenerse frente a este muro
era intentar dar una dignidad histórica, incluso una sutileza intelectual y
estética, a objetos considerados hasta esa época como inexistentes, para esto era
necesario tomar otras vías que las fijadas magistral y canónicamente por
Panofsky con el nombre de “iconología”.
Pero al detenerse frente al muro no es solamente
interrogar al objeto, es detenerse también ante el tiempo. Es interrogar en la
historia del arte, al objeto “historia”, a la historicidad misma.
La “clave” para
comprender un objeto del pasado se encuentra en el pasado mismo, será necesario
buscar una fuente de época capaz de hacernos acceder a la “herramienta mental”
que hizo posible el tipo de elección pictórica. Tratándose de Fra Angelico, se
tiene una “interpretación eucrónica”.
El humanista Cristoforo Landino escribió muchos años
después de la muerte del pintor Fra Angelico, y en ese tiempo muchas cosas se
habrían transformado, en la esfera estética, religiosa y humanista. Landino
escribía en latín clásico y era defensor de la lengua vulgar y Fra Angelico
solo conocía el latín medieval, así mismo existen otras diferencias entre el
humanista y el pintor como que Landino fue anacrónico respecto de Fra Angelico
no solo en la diferencia de tiempo y de cultura que los separaba, así mismo Fra
Angelico parece ser anacrónico respecto a sus compañeros más cercanos como Leon
Battista Alberti ya que ambos no pensaban entre si totalmente en el mismo tiempo.
Estamos frente al muro de Fra Angelico como frente a un
objeto de tiempo completo, de tiempo impuro: un montaje de tiempos heterogéneos
que forman anacronismos. En la dinámica y complejidad de ese montaje, las
nociones históricas como la de “estilo” o “época” alcanzan una peligrosa
plasticidad. Plantear la cuestión del anacronismo, es pues interrogar esta
plasticidad fundamental y, con ella, la mezcla de los diferenciales de tiempo
que operan en cada imagen.
El historiador del arte debe sobre todo comprender en que
habría consistido el trabajo de Fra Angelico, en transformar y reinventar esa
“caja de herramientas mental”. Como un cuadro religioso se habría presentado
del modo fácil de mirar desde el punto de vista de la iconografía que consistía
en no ver allí más que un registro desprovisto de sentido simbólico, pero al
mismo tiempo lo presenta con un punto de vista más complejo de la exegesis
bíblica y de la teología encarnacional.
La imagen esta abiertamente sobre determinada respecto al
tiempo, ya que mucho antes de que el arte tuviera una historia, las imágenes han
tenido, han llevado y han producido la memoria. No se puede solo hacer la
historia de un arte bajo el ángulo del artista y su tiempo, tal visualidad
exige que se examine bajo el ángulo de su memoria, de sus manipulaciones del
tiempo.
Paradoja y parte
maldita
Octave Mannoni dice que el anacronismo es inevitable, que nos
es particularmente imposible interpretar el pasado sin recurrir a nuestro
propio presente, pero a pesar de todo debemos evitar el anacronismo a todo precio. Es el mayor pecado del
historiador, su bestia negra, es lo que se debe alejar de si, tanto es así que
caer en el anacronismo equivale a no hacer historia, a no ser historiador. El
anacronismo se ubica en el rango de los errores históricos incluso en la
producción de los “falsos documentos”.
Según Marc Bloch no solamente es imposible comprender el
presente ignorando el pasado, sino es necesario conocer el presente para
comprender el pasado y entonces saber plantear las preguntas convenientes.
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