martes, 20 de noviembre de 2012

Anacronismo de las imágenes - Didi-Huberman


Siempre, ante la imagen, estamos ante el tiempo, al estar frente a ella estamos frente a una puerta abierta, que no nos oculta nada.

Ante una imagen, tan antigua como sea, el presente esta siempre reconfigurándose y ante una imagen tan contemporánea como sea el pasado tampoco deja de reconfigurarse. Al estar frente a una imagen debemos siempre tener en cuenta que posiblemente ella nos sobrevivirá,  ya que es el elemento del futuro, de la duración y que ante ella nosotros somos los frágiles. La imagen tiene más memoria y más porvenir que el ser que la mira.

El autor da como ejemplo el  muro de Fra Angelico, someterse a su misterio, se trataba de comprender por qué esta actividad pictórica estaba íntimamente mezclada con la iconografía religiosa. Detenerse frente a este muro era intentar dar una dignidad histórica, incluso una sutileza intelectual y estética, a objetos considerados hasta esa época como inexistentes, para esto era necesario tomar otras vías que las fijadas magistral y canónicamente por Panofsky con el nombre de “iconología”.
Pero al detenerse frente al muro no es solamente interrogar al objeto, es detenerse también ante el tiempo. Es interrogar en la historia del arte, al objeto “historia”, a la historicidad misma.
La “clave”  para comprender un objeto del pasado se encuentra en el pasado mismo, será necesario buscar una fuente de época capaz de hacernos acceder a la “herramienta mental” que hizo posible el tipo de elección pictórica. Tratándose de Fra Angelico, se tiene una “interpretación eucrónica”.

El humanista Cristoforo Landino escribió muchos años después de la muerte del pintor Fra Angelico, y en ese tiempo muchas cosas se habrían transformado, en la esfera estética, religiosa y humanista. Landino escribía en latín clásico y era defensor de la lengua vulgar y Fra Angelico solo conocía el latín medieval, así mismo existen otras diferencias entre el humanista y el pintor como que Landino fue anacrónico respecto de Fra Angelico no solo en la diferencia de tiempo y de cultura que los separaba, así mismo Fra Angelico parece ser anacrónico respecto a sus compañeros más cercanos como Leon Battista Alberti ya que ambos no pensaban entre si totalmente en el mismo tiempo.
Estamos frente al muro de Fra Angelico como frente a un objeto de tiempo completo, de tiempo impuro: un montaje de tiempos heterogéneos que forman anacronismos. En la dinámica y complejidad de ese montaje, las nociones históricas como la de “estilo” o “época” alcanzan una peligrosa plasticidad. Plantear la cuestión del anacronismo, es pues interrogar esta plasticidad fundamental y, con ella, la mezcla de los diferenciales de tiempo que operan en cada imagen.

El historiador del arte debe sobre todo comprender en que habría consistido el trabajo de Fra Angelico, en transformar y reinventar esa “caja de herramientas mental”. Como un cuadro religioso se habría presentado del modo fácil de mirar desde el punto de vista de la iconografía que consistía en no ver allí más que un registro desprovisto de sentido simbólico, pero al mismo tiempo lo presenta con un punto de vista más complejo de la exegesis bíblica y de la teología encarnacional.

La imagen esta abiertamente sobre determinada respecto al tiempo, ya que mucho antes de que el arte tuviera una historia, las imágenes han tenido, han llevado y han producido la memoria. No se puede solo hacer la historia de un arte bajo el ángulo del artista y su tiempo, tal visualidad exige que se examine bajo el ángulo de su memoria, de sus manipulaciones del tiempo. 


Paradoja y parte maldita

Octave Mannoni  dice que el anacronismo es inevitable, que nos es particularmente imposible interpretar el pasado sin recurrir a nuestro propio presente, pero a pesar de todo debemos evitar el anacronismo  a todo precio. Es el mayor pecado del historiador, su bestia negra, es lo que se debe alejar de si, tanto es así que caer en el anacronismo equivale a no hacer historia, a no ser historiador. El anacronismo se ubica en el rango de los errores históricos incluso en la producción de los “falsos documentos”.

Según Marc Bloch no solamente es imposible comprender el presente ignorando el pasado, sino es necesario conocer el presente para comprender el pasado y entonces saber plantear las preguntas convenientes.

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