En
el texto Carmen Maria Jaramillo habla del periodo de transición que vivió el
arte en Colombia donde los artistas empiezan tratan de darle otro significado a elementos de las
vanguardias europeas con preocupaciones
personales, como fecha de inicio está el VII Salón de Artistas Nacionales de
1946 donde figuran artistas como: Enrique Grau, Edgar Negret, Ramírez
Villamizar y Hernando Tejada entre otros; este periodo finaliza en el año 1946
con la exposición del pintor Marco Ospina que a su vez maraca el inicio de la
pintura abstracta en Colombia.
Esta
generación de artistas según la autora se centra en la afirmación de lo propio
y en el descredito de lo foráneo sobre la manifestaciones del arte
vanguardista, buscan afirmar sus propios valores.
La
actitud de los artistas de esta generación es percibida por los más
conservadores como revolucionaria y peligrosa, los artistas y sus obras son
perseguidos y repudiados durante varios años como Ignacio Gómez Jaramillo por
su gestión renovadora en la Escuela de Bellas Artes, Débora Arango, entre
otros.
En
cuanto la crítica se encuentra Casimiro
Eiger quien desde 1946 comienza a hacer reseñas sobre exposiciones en la prensa
y en sus programas radiales “Bogotá hoy y mañana” y “Exposiciones y museos”,
por otra parte Clemente Airó quien hace algunas apariciones en el campo de la
plástica, también esta Juan Friede quien se dedica a indagar en el trabajo de
pintores que están en su plenitud creativa y con otros intereses plásticos,
junto a estos críticos europeos están también dos colombianos Jorge Gaitán
Duran y Luis Vidales, uno de los críticos más lucidos.
Artistas
como Ramírez Villamizar, Negret, Grau, Obregón, Botero, entre otros. Todos
ellos poseen una mirada libre de prejuicios y un conocimiento del
pensamiento visual de su tiempo. En el
futuro cada uno encontrara su propio estilo y esto los llevara a su vez a crear
un trabajo lógico y con ciertas características que los identificaran. En el
arte nacional hay una fuerte ruptura donde los artista niegan unos valores
obsoletos con el objetivo de redefinirlos en ámbitos como la ética, la estética
y la organización social, también comienza a desaparecer el interés por el
nacionalismo y el indigenismo en el arte colombiano.
Más
adelante Carmen Maria Jaramillo habla de la necesidad del retorno al origen y
como artistas como Van Gogh, Gauguin y Cézanne buscan lugares y culturas
simples, para encontrar con ellas un ser humano más esencial, en el caso del
arte en Colombia se busca ese retorno a los orígenes en los mitos
precolombinos, pero los artistas de la generación de 1946 a 1949 buscan
encontrar un universo personal que los diferencie de los demás, esta originalidad
los aleja de los valores del pasado, a su vez esta generación empieza a
alejarse de sus maestros en la medida que ellos persiguen una liberación de los
juicios emitidos por la iglesia y el estado.
También
se habla de las nuevas libertades concebidas a los artistas como trabajadores
con un nuevo sistema de producción, la oferta, la demanda, el crecimiento de los
mercados, la multiplicación de los estilos y el nuevo papel de las
representaciones plásticas en el arte moderno.
Al
final el autor habla un poco del arte en América Latina, como pasa de lo primitivo
a lo exótico y como el papel del arte durante las primeras décadas del siglo XX
es visto como fuente de identidad nacional, de una identidad que las repúblicas
no alcanzaron al independizarse de España, y como por medio de esta identidad
se quieren atenuar las deferencias étnicas, culturales y de clase.
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